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“María
Rosa Lojo eleva a una categoría más universal esta antinomia
civilización-barbarie y la inscribe tanto en el universo de sus
personajes históricos como ficcionales. Así, configura la imagen de sus
marginales, los que han quedado excluidos del poder hegemónico, del
centro, y se recluyen en la periferia.
De esta
manera, se arriba a la cuestión capital de su obra: la resolución de la
utopía, que empezó definiéndose como el regreso del hijo del exiliado en
sus primeras obras, se desarrolló en La pasión de los nómades
como una búsqueda de la definición espacio-temporal y cultural de sus
personajes a través de la reconstrucción de la historia nacional y
alcanzó su punto culminante en la idea de la disolución de las
dicotomías y la reformulación del símbolo literario, propuestas en sus
novelas históricas.
Resolviendo
el conflicto identitario y el enfrentamiento perpetuo de fuerzas que se
entendían como opuestas, lograría revertir la última dicotomía de su
obra: el centro-la periferia.
Ese
cronotopo de Lojo –el borde-, que en un comienzo se había perfilado como
el único espacio posible para los exiliados y los marginales en general,
convirtiéndose así en lo familiar, se había tornado misteriosamente un
lugar negativo, puesto que, en última instancia, si bien permitía la
convergencia de los opuestos, también reafirmaba la exclusión de sus
personajes de ese centro que tradicionalmente era el productor de
sentidos. Se había vuelto necesario, entonces, repensarlo desde otra
óptica que permitiera eliminar ese aspecto negativo.
Se
desemboca así en la reformulación del concepto de símbolo literario a
partir de su vinculación con el concepto freudiano de lo siniestro.
Lojo apela
a la restitución de una unidad que se entiende como lugar de encuentro
de sentidos que no sólo logran su correspondencia a partir de la
analogía, sino que denuncian la realidad facetada del mundo. Así como la
ambigüedad del término das heimlich lo acerca a su
opuesto, como la naturaleza ambivalente del símbolo asegura la
coexistencia de sentidos contrarios, que se complementan mutuamente, del
mismo modo el borde –imbuido de la misma característica- diluye su
oposición con el centro, convirtiéndose también él en productor de
sentidos que se constituyen en la otra cara de su opuesto y que aseguran
el regreso de sus marginales a esa unidad, el original perdido de Lojo,
que es la herencia ancestral que ha sido borrada de la memoria.”
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