Historia de un cuadro, por María Rosa Lojo. Revista Ñ. Sección Fetiche, mes de junio 2026

Historia de un cuadro, por María Rosa Lojo. Revista Ñ. Sección Fetiche, mes de junio 2026

Texto de la publicación:

Mis padres emigraron de España en 1948, cada uno por su lado. Mamá venía de Madrid, papá, de Galicia. En Buenos Aires se enamoraron y se casaron. Ninguno de los dos quería seguir viviendo bajo el régimen de Franco; esperaban regresar en una época más feliz. Pero morirían de este lado, sin haber vuelto a pisar (ni siquiera transitoriamente) la tierra patria.
En 1951 también llegaría a esta ciudad para exponer sus obras José Otero Abeledo (Lalín,1908-Vigo,1996), mejor conocido por su nombre artístico: Laxeiro. Fue uno de los grandes renovadores de la pintura gallega, que supo transfigurar la rica cultura popular en un arte innovador, a la vez barroco y despojado, fantástico y rústico, sofisticado y primitivo. Decidió quedarse en Argentina, atraído por buenos motivos: el reconocimiento, la libertad y el amor. Aquí había conocido a una exiliada que sería la mujer de su vida: “Lala”, la llamaban todos, muy amiga de mi madre y madrileña como ella. Solo muchos años después yo identificaría a esa señora guapa, desenvuelta y amable, como Eulalia de Prada Canelas (1908-1989), primera española funcionaria de un ministerio (el de Agricultura y Fomento) en los años de la Segunda República Española.
Solíamos visitarlos en su departamento de la capital. Recuerdo que Laxeiro llevaba anteojos, boina, y el pelo un tanto más largo que lo habitual en los varones. Ellos también venían a la casa flamante que mis padres habían edificado, con mucho esfuerzo, en Castelar, entonces un pueblo del conurbano Oeste. Uno de los tantos domingos en que compartieron con nosotros el vino y la paella, Laxeiro nos dejó un regalo maravilloso. Una madre con un bebé en los brazos, que pintó ahí, in situ, en una cartulina extendida sobre la mesa de los brindis y del cariño. En el cuadro dominan tonos oscuros, pero no lúgubres. Toda la luz emana de las caras del bebé y de la madre, que tiene la cabeza cubierta por un rebozo campesino salpicado de notas de color. Los ojos, con los párpados bajos, miran al neno o nena mientras lo mece con cuidado infinito. Arriba, en una ventanita lateral, quedaron estampadas la firma del pintor y la fecha: 1962.
En la misma casa, reformada y actualizada, vivimos con el cuadro mi marido y yo. Ahora soy la única testigo del acto de belleza y amistad plasmado en esa imagen que sigue susurrando la canción del origen sobre la nueva tierra.

María Rosa Lojo en "Basta de zonceras", AM 530. Entrevista de Sebastián Basualdo, Sandra Commiso y Ana Ávila, 18 de abril de 2026

6 junio, 2026