
Es poeta, narradora, ensayista e investigadora, además de miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y de la Real Academia Gallega.Autora de novelas como La princesa federal, Finisterre, Árbol de familia y Solo queda saltar, entre muchos otros libros. A pedido de Clarín para esta sección diaria que acompaña la Feria del Libro Infantil elige, en realidad, toda una biblioteca.
Hay regalos que cambian una vida. Cuando era una nena de apenas ocho años, a María Rosa Lojo no le regalaron un libro, sino una biblioteca entera. Iba a la primaria cuando su tío Julio, un artista de variedades que recorría el mundo haciendo magia y malabares, le entregó la llave de un armario de madera con cortinas rojas que hasta entonces le había estado vedado. Detrás de esas puertas la esperaba un universo que marcaría para siempre su relación con la literatura.
Por eso, cuando se le pregunta qué libro le regalaría a la niña que fue, se sorprende: “¡Ay, un solo libro me parece muy poco!”. Y enseguida explica por qué. “Ojalá todas las personitas tengan la suerte que tuve yo, cuando me convertí, de un día para el otro, en la depositaria de un tesoro prodigioso“.
Ese episodio, que luego recreó en su novela Árbol de familia, permanece intacto en su memoria. “Me llevó de la mano hasta un armario de buena madera, con cortinas rojas, que estaba desde siempre en el cuarto de planchar y que no me habían permitido abrir. ‘Oye, ya has cumplido los ocho años, así que eres mayor. De ahora en más, serás tú la que tenga la llave de mi biblioteca'”, le dijo su tío.
Del otro lado de esa puerta, recuerda, estaban “todos los piratas, los brujos y los reyes, las aventuras, las traiciones y las lealtades, los países desconocidos ocultos en el mapa de lo obvio, los mundos olvidados que están dentro de éste”.
Allí convivían Phileas Fogg, Sandokán, Long John Silver, el último de los mohicanos, D’Artagnan, Tarzán y tantos otros personajes que transformaron la imaginación de aquella niña. “Entré en esas historias como quien entra en un planeta de hongos alucinógenos. Nunca salí del todo de ese planeta”, recuerda.
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