- Entre rascacielos, arquitectura de vanguardia y ciudades históricas, Corea del Sur despliega un paisaje donde pasado y futuro dialogan.
- El viaje incluye encuentros con traductoras de Han Kang, poetas, profesores universitarios y referentes de la literatura coreana.
- La experiencia revela una sociedad que hace de la memoria, la innovación y la lectura parte de su identidad.

“Seúl, la capital vertiginosa de Corea del Sur, es un túnel del tiempo de dos direcciones: una mira hacia el pasado; otra hacia el porvenir.
El futurista Marinetti sin duda hubiera entrado en éxtasis ante el despliegue de una arquitectura que hace parecer vetustas no solo a las capitales europeas sino a la misma Nueva York. La lámpara de Aladino de la tecnología más avanzada ha sembrado por doquier torres esbeltas de vidrio y acero, puentes de arriesgados diseños que iluminan la noche con los resplandores mágicos del más nuevo de los mundos, bloques brutalistas que parecen aéreos a fuerza de belleza.
Sobre algunos edificios, enormes pantallas LED que en otras ciudades estarían acaparadas por la publicidad de marcas, se consagran al arte digital.“

