María Rosa Lojo en el Segundo Congreso Mundial “Infancia sin violencia”. ARALMA. Buenos Aires. 21 al 23 de agosto de 2019

María Rosa Lojo en el Segundo Congreso Mundial “Infancia sin violencia”. ARALMA. Buenos Aires. 21 al 23 de agosto de 2019

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Mesa “Literatura e Infancia”
De izquierda a derecha: Gabriela Saidon, María Rosa Lojo,Sonia Almada, María Inés Falconi, María Emilia López

María Rosa Lojo participó en el segundo congreso mundial organizado por la Asociación Civil Aralma. Centro de Asistencia, Investigación y Formación  en Infancia y  Adolescencia y Familias. Fue expositora invitada en la mesa “Literatura e infancia” junto a las escritoras y especialistas María Emilia López y María Inés Falconi, con la coordinación de la escritora y periodista Gabriela Saidón. Puede leerse a continuación un resumen de su trabajo.

PALABRAS QUE CURAN LO INDECIBLE. A propósito del abuso en la novela Solo queda saltar

 “[…] la palabra hace más fuertes a las personas. Y las cura. Hay que sacarla de adentro para limpiar el alma, como se limpian las heridas.” Esto le dice doña María (machi, chamán o médica de la comunidad aborigen de Los Toldos) a su ahijada Ignacia, escapada de un padrastro abusador.

La novela de mi autoría Solo queda saltar (2018), a la que pertenece este texto, es, sobre todo, una historia de niñas en migración (interna y externa). Comienza en 1948, año en que dos hermanas: la adolescente Celia y la niña Isolina, huérfanas de la posguerra Civil, llegan desde Galicia a la casa del tío Juan, su único familiar vivo, en la ciudad bonaerense de Chivilcoy. 

Las tres se encontrarán en el almacén de Ramos Generales de Juan, donde la madre de Ignacia busca refugio y trabajo. Sus vidas dispares tienen algo central en común: el desamparo y los hechos traumáticos. El trauma más grave, porque no puede ser enfrentado, el fantasma que se reitera en las pesadillas de Celia, sin ser reconocido, el que cruza los silencios más profundos de Ignacia, es la amenaza de la violación, nunca concretada pero inminente. Reaparece como terror indecible que ninguna de las dos pronuncia. Y como culpa que tampoco logran exorcizar, en un contexto histórico que invisibilizaba a las víctimas bajo su propia vergüenza.

En esta novela, destinada prioritaria (aunque no exclusivamente) a los jóvenes, el silencio ciego finalmente llega al lenguaje que revela la naturaleza del horror e inicia el camino de la reparación.

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