“El Sarmiento requiere paciencia y posibilidades para viajar fuera de los horarios pico (yo puedo, la mayoría no), y también tolerancia hacia la relativa suciedad, el ruido y el movimiento. Ninguno de los otros medios brinda un paisaje humano semejante. Si alguien quiere conocer el pueblo del conurbano Oeste, el tren transporta un buen muestrario.
https://www.clarin.com/opinion/paisaje-humano-conurbano-oeste_0_xsbYm9OQXw.html
Los pasajeros son jóvenes en su mayoría, solos o con hijos chicos; vestidos de manera informal y sencilla, se adornan con tatuajes y a veces piercings. Entre los varones abundan los cortes en cresta. Las zapatillas son el calzado casi universal. Se escuchan menos conversaciones que en otros tiempos. Quien no duerme, suele ser una mónada absorbida en su celular, con o sin auriculares. A veces pesco alguna charla sobre compras de electrodomésticos a crédito, o de ladrillos y puertas para una vivienda en construcción. Algún hombre mayor habla de negocios frustrados; otro, por teléfono y a los gritos, de política internacional y de cómo reformar el mundo.”
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