
Fragmento de la disertación:
” [Victoria Ocampo] fundó y dirigió la revista Sur, inaugurada en enero de 1931 y cerrada en 1993 a través de un número doble, que contenía el índice 1967-1988. El proyecto Sur incluyó también una editorial que se adelantó a publicar en castellano a figuras que ya tenían relevancia internacional o que la tendrían después, y promovió a creadoras y creadores argentinos y de otros países latinoamericanos. Feminista teórica y práctica, fue cofundadora de la Unión Argentina de Mujeres y primera editora en castellano, de obras tan fundamentales de Virginia Woolf como el ensayo Un cuarto propio y la novela Orlando, ambas traducidas por Jorge Luis Borges.
Ocampo no se limitó a ser la impulsora y la cabeza de esa gesta cultural. Aunque no escribió narrativa de ficción, como su hermana Silvina, fue una creadora por derecho propio, que exploró y enriqueció modalidades hoy en primer plano de la escena literaria: diez tomos de Testimonios, donde se entreveran el ensayo y la crónica; ensayos propiamente dichos y una monumental Autobiografía que empezó a publicarse después de su muerte. El descubrimiento de esa Autobiografía en el Instituto de Literatura Argentina de la Universidad de Buenos Aires, fue para mí, literalmente, un flash. Un rayo que pulverizó todos los preconceptos y clichés circulantes sobre Ocampo. La señora mayor, envuelta en un tapado de piel, cubierto el pelo por una anticuada redecilla en contraste con los anteojos vanguardistas de marco blanco, se desintegraba, reemplazada por una niña curiosa, luego por una joven apasionada que se rehusaba a aceptar la subalternidad femenina. Después aparecían el gran amor prohibido por J. y el otro amor, cuestionado, por el arte y la vida intelectual, los héroes del espíritu que se revelaban como villanos y una mujer adulta que ya no quería ser su fan, menos aún, una groupie o una cholula antes de que estas palabras se inventaran. Tampoco, por cierto, aspiraba al más honroso y tradicional papel de musa inspiradora.
Mi novela Las libres del Sur, publicada por primera vez en 2004, se alinea con la voluntad poética de “desautomatizar la percepción” en el abordaje de personajes y circunstancias de la Historia y, en particular, de la historia de las mujeres. Frente a la vieja Victoria, supuestamente conocida por todos y designada con diversos epítetos y funciones: la mecenas, la fundadora de Sur, la mandona, la gorila, la oligarca, la esnob, la tilinga, la cipaya extranjerizante, la primera y tardía mujer en la Academia Argentina de Letras, había otras Victorias, nacidas, en parte, del conflicto y de las derrotas parciales. No me propuse recorrer su vida, repetir su biografía, sino proponer una novela de formación o iniciación. El relato primario empieza en 1924 y termina en 1931, año en que aparece Sur, porque el núcleo de interés no radica tanto en esa revista famosa, sino en el proceso interior, tanto menos divulgado, que lleva a Victoria a convertirse en su creadora y directora, a lidiar con sus dudas y contradicciones y superarlas. A conquistar su propia adultez y autonomía y salir, definitivamente, del nebuloso y pasivo papel de musa.”